Ejercicios Cardiovasculares (fragmento)
Revista Odradek n°10, Santiago,Chile
Santiago, Chile. 2 de Mayo 2021.
Primera sección: La llegada de una carta en mitad de julio
[1a] Desde un país paradisíaco, me llega ese año una carta, semanas después de mi cumpleaños. Escribo, confundida por el erotismo de la oración, la carta me llega; escribo en presente porque todavía la repaso mentalmente. Llegar, venir, ir, verbos que al pronunciarlos con tu rostro encima pueden llegar a ser reflexivos.
Súbitamente, un recuerdo gramatical impacta la ocasión sentimental: los alemanes no usan presente continuo. No vuelvo a la realidad, no quiero soltar la emoción de encontrar esa carta en mi buzón, pues me hizo inmensamente feliz. Pasadas las horas de haberla encontrado digo que todavía la esto leyendo en la cabeza, porque estuve repitiendo durante la mañana y hasta la tarde, en voz paralela u oblicua como un diálogo con mi conciencia, las líneas apenas leídas con la mirada de soslayo.
[...]
Cuarta sección: Lectura de poesía
Vuelvo al tema escrito en [2a], el de describir la escena de una lectura y escritura mientras se viaja en tren. Aquí pretendo repasar desde las palabras aquella pasiva escena –los vagones traquetean, con el libro sobre las piernas.
[3a] En una lectura que se lleva a cabo sobre las rodillas mientras los vagones traquetean, el dedo índice transitando por debajo de las oraciones cumple una labor importante, porque funciona como guía y alivia la conciencia. [3b] La conciencia, que camina peligrosamente al borde de la locura con los pies juntos, amarrados con un retazo de género deshilachado, despierta con estas experiencias visuales y sensoriales. Por el movimiento del vagón –sensorial¬– cruzando los campos invernales –visual–, nos sirve darle al dedo índice el uso de guía o cabecilla que indique la dirección por la cual debemos encaminar la mirada y, así, efectuar la lectura exitosamente mientras sigue el traqueteo del vagón a todo motor. Esa línea imaginaria que va dibujando el dedo aligera o anula la conciencia del lector –el ser constituido–, liberándolo de las reflexiones y fantasmas que aparecen conforme se lee poesía. La lectura se vuelve automática y pedagógica, un poco menos poética o un poco menos dolorosa.
[3b] Respecto del fragmento la conciencia, que camina peligrosamente (…), imaginé que uno mismo al leer cuestiones que despiertan dolores, se inclina hacia un abismo sumamente peligroso, letal como la peor arma y, a modo de contraste a lo planteado en [1c], la poesía puede ser muy peligrosa si no logra ser dirigida y asimilada, o incluso dosificada. La estimulante imaginación evocada por ciertas sensibilidades escriturales esconde un humor negro, petrolesco aunque brillante (petrolesco: dícese de la adjetivación de petróleo; refiere a una materia densa, espesa, pegajosa) que dispone el alma a pender de un hilo cuando nos encuentra de frente: un aguijón clavado en el pecho de un niño triste y desentendido de su propia circunstancia.
[4a] Cada texto es a su vez una provocación y una consecuencia. Lo que se crea en un estado primitivo del alma anula la razón y nubla los nombres que le han sido dados a las cosas de este mundo. Cada material escritural, cada texto poético o artístico puede ser considerado simultáneamente un detonante y un resto, una bomba y la ciudad en ruinas (la Royal Air Force y Hamburgo), pues las letras dispuestas para la batalla en el campo de texto son signos que funcionan como un código decodificador, el que esconde pero devela.
Tanto peligro que existe en los poemas, até las cuerdas del corazón.